martes, 13 de noviembre de 2012

Via Crucis

Mi madre es una mujer eminentemente práctica y cuando a mis hermanos mayores les toco ir a catequesis me incluyó en el pack. Tuve que escuchar la misma historia 3 veces y siempre que llegábamos a la parte del via crucis me quedaba con la misma sensación. Veía la cara de mis compañeros pasmados ante la crueldad de la historia y el sacrificio de Jesús mientras yo, que ya empezaba a ser una persona práctica como mi madre, me preguntaba que sentido tenía aquello. ¿No hubiera sido mejor seguir vivo liderando el movimiento que había creado? ¿No hubiera aportado más participando en los concilios, en la edición de la biblia, etc? Con el paso de los años uno acaba comprendiendo muchas cosas y viendo la repercusión de aquel sacrificio tengo claro que, acertada o no, la estrategia le funcionó.

Y es que el sufrimiento siempre ha despertado la admiración de los demás y otros después -y antes- de Jesus han sabido hacer de esto una herramienta. A lo largo de la historia muchos son los que se han dejado quemar,  decapitar o torturar persiguiendo causas nobles. Incluso en la historia moderna las huelgas de hambre han sido y son utilizadas como medio para aunar a las masas frente a una causa común y aun hay quien decide quemarse a lo Bonzo por motivos muy dispares.

Otros, viendo el negocio, han sabido administrar el sufrimiento y sus efectos en las masas para crear espectáculos y hacer de este su medio de vida. Desde los faquires y sus medidas torturas hasta los magos como Hudini que arriesgaban su vida en cada espectáculo el negocio ha ido evolucionando, canalizando el morbo del sufrimiento e introduciendo elementos accesorios que maximizan la gesta, minimizando de paso el sufrimiento.

Que nadie se extrañe pues de que Frank de la jungla tenga un programa en la tele solo porque se deja picar por todo bicho viviente o que Josef Ajram tenga miles de seguidores por intentar llevar su cuerpo a un supuesto límite, porque esto es más viejo que el hambre.

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